Yom Ha Shoa
Shoah es la palabra hebrea que significa “catástrofe”. Es el término utilizado para describir el Holocausto, la conflagración que barrió a seis millones de almas judías entre 1938 y 1945. Una guerra se desató contra los judíos, y en la misma se perpetraron atrocidades indescriptibles en contra de un pueblo indefenso. Hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, fueron asesinados en manos de los nazis y sus cómplices.
En la resolución de la Kneset (parlamento israelí) del 12 de abril de 1951, se fijó un día especial en el año para el recuerdo del Holocausto. Este día es el 27 de Nisan, fecha que rememora el heroico levantamiento del Gueto de Varsovia.
Es nuestra obligación recordar lo ocurrido, honrar la memoria de las víctimas inocentes y condenar toda expresión de intolerancia y odio para que la historia no se vuelva a repetir.
Cuando una creencia raya en la locura
Con tristeza encendimos velas para recordar a las víctimas del holocausto, uniéndonos a la jornada de luto en Israel donde se encedieron seis (6) antorchas, una por cada millón de judíos asesinados entre 1939 y 1945. El más trágico genocidio contemporáneo fue el realizado por la Alemania nazi durante las décadas de 1930 y 1940, para aniquilar a la población judía y a todo grupo que significara una amenaza en Europa. El holocausto fue la persecución y asesinato sistemático burocráticamente organizado por los nazis seguidores de Hitler, que tomaron el poder en 1933; éstos amparaban sus conductas en la creencia de la lucha entre razas. Es decir, el individuo ario, rubio, ojos celestes y alto, debía combatir por la supervivencia de su raza maestra, que tenía que luchar para no perder su pureza y ser contaminada por las "razas inferiores".
Ésta creencia, totalmente errónea, llevó a que se perpetraran aproximadamente 11 millones de asesinatos. De los que fueron víctimas 6 millones de judíos, y alrededor de otros 5 millones de personas pertenecientes a grupos de gitanos, serbios, miembros de inteligencia polaca, alemanes que se oponían al nazismo, etc.
Entre 1937 y 1939 los judíos fueron segregados, no podían ir a las escuelas, ni a los teatros, ni a lugares de descanso, ni residir ni aún caminar en ciertas partes de las ciudades alemanas. Los nazis arraigaron los negocios y propiedades judías por sus propios medios, y los obligaron a venderlas a precios injustos. En Noviembre de 1938, éste ataque económico contra los judíos se trasnformó en destrucción física de las sinagogas y otras propiedades, así como también en arrestos a hombres, mujeres y niños judíos, la destrucción de sus hogares, intensos asesinatos y reclutamientos en campos de concentración.
Conocer la historia nos debe ayudar a no repetir errores y horrores del pasado, por eso no solo encendemos una vela en memoria de las víctimas del holocausto, si no también como una luz de esperanza para los que supervivieron. El mensaje que nos quede sea el no permitirnos "razones" ni argumentos o visiones equivocadas de la realidad, y la falta de respeto hacia la dignidad de los seres humanos, que lleven a estos atroces actos de violencia y tortura.
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