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Purim
Una fiesta cuyo significado ha perdurado a través de los siglos
Purim ha sido, desde siempre, una fiesta popular entrañable para todos los judíos. Aún aquéllos indiferentes a las festividades tradicionales, reciben la de Purim con beneplácito y le dedican ágapes, festejos y representaciones dramáticas.
Tal vez esto se daba al hecho de ser Purim una fiesta referida a la existencia misma del pueblo judío. Ella nos recuerda de que manera los judíos lograron evitar una catástrofe y mantenerse unidos en momentos de grave peligro. En esas circunstancias, el pueblo entero aunó esfuerzos, apartó la desgracia y se sobrepuso al enemigo que pretendía "exterminar, quitar la vida y llevar a la perdición".
El carácter popular de la fiesta de Purim, más acentuado que el de todas las otras festividades, se debe a que no refleja solo el pasado, sino que simboliza en algunos países todavía el presente. Todas las otras festividades nos recuerdan el pasado, tiempos irrepetibles. Lo que sucede con Purim es que, si bien aparentemente evoca viejos tiempos, también no recuerda eventos sucedidos en los últimos tiempos.
De modo que la historia de Purim es para los judíos siempre porque sigue siendo hasta hoy, un símbolo de la fe inconmovible de un pueblo que construye su futuro. Purim nos habla de un pueblo judío indestructible, a despecho de las circunstancias catastróficas que le toque afrontar.
Según un dicho popular ídish, "Púrim iz kain ióntev nit" (Púrim no es una festividad). Se refiere a "festividad" en el sentido espiritual del término. Significa que Purim no es un día sagrado, sino un día de esparcimiento; que no se celebra con oraciones devotas ni calladas intenciones, sino más bien con cierto grado de estrépito y algarabía. Se hacen sonar las matracas, se bebe una copa, se canta, y las comparsas de enmascarados recorren las calles. Durante la lectura del texto bíblico "Meguilat Ester", el rollo que contiene el bíblico Libro de Ester, los niños, junto con el resto del público, baten palmas, dan golpes con los pies y hacen sonar sus matracas cada vez que se menciona el nombre de Hamán.
Adaptado del escrito de Moshe Korin
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